domingo, 28 de noviembre de 2010

74_ Pene Less

Si, pene less.
Less, son 4 letritas que juntas en inglés significan “sin” (si algún traductor quiere corregirme por las dudas, bienvenido). Por ejemplo: Faithless (faith=FE), sería sin FE.

Por qué este nombre para mi nuevo escrito?
Porque me doy cuenta que no cumplo con la mayoría de los mandatos sociales masculinos.
Podría haber titulado: “Poco hombre”, pero me parecía un poco violento y que puede dar a entender otra cosa. Pene Less (si, lo decidí escribir separado) no viene a cuento de la carencia de pene. Lo tengo. Dios, o Alá, o el destino, podrían haberme dotado con algo mas, pero no me quejó. Sencillamente se refiere, como te decía antes, a todas esas cosas que supuestamente al hombre le gustan, o debe hacer y a mi no me gustan o yo no hago.

No tiene nada que ver, con el tema sexual. Soy heterosexual, y seguramente muchos de los puntos que abajo detallo, la muchachada gay, los resolvería sin problema.
Tampoco tiene que ver con ser MACHO. Eso es otra cosa. Y cuando digo MACHO, no es el hombre violento, de pelo en pecho, que caza un jabalí con la mano, y lo asa con el calor de su aliento. El MACHO es aquel que tiene código, que respeta, que es caballero, que tiene el barrio en la piel (sea San Isidro o Barracas).

Cuáles son esos mandatos masculinos incumplidos de mi parte. que me hacen ser un PENE LESS? A saber:

• Fútbol: Ya es sabido, por los habitúes del blog, que NO me gusta el fútbol. Que soy hincha de Boca por mandato familiar, pero ni me interesa como salió el Xeneise (nótese que conozco el “apodo” del club de la ribera) el domingo. Tengo menos futbol que la revista Para Ti. Y si te queda alguna duda, pinchá acá y acá, para leer escritos anteriores acerca del tema.
Hace poco jugó Boca vs River, a pesar de las posiciones paupérrimas que ocupan en el Torneo local, todos los hombres estaban pegados a la pantalla, de todos los bares, con cerveza en mano, alentando al equipo de sus amores, e insultando al equipo de sus odios. Yo me fui al cine, a ver la peli de Facebook. Los que leen el blog, también saben que en pleno MUNDIAL, me fui a Brasil de vacaciones (pinchá acá). Este último punto, casi me cuesta la expulsión de mi círculo de amigos, y durante dos meses nadie me dirigió la palabra en el trabajo.
Es que cualquier hombre, que se precie de serlo, debe ser un amante del futbol. Debe seguir a su equipo incondicionalmente. En las buenas y las malas. Sabe de qué juega un 4 (no el pomelo) y porque hoy no hay mas “winnes”.
Todos aquellos que como yo, prefieran ver una peli de cine francés bien acompañado, antes que un clásico o un partido del mundial, pertenecen a mi categoría: PENE LESS.

• Autos: Me gustan los autos. Manejo bastante bien. Voy para adelante, para atrás, y también se estacionar, en lugares extremadamente reducidos para el tamaño de mi vehículo.
Pero acontecen problemas ante cualquier falla mecánica. Existe un mundo paralelo, y el mismo se desarrolla bajo el capot. Es un mundo inexplorado. Un mundo gris y aceitoso, del cual no tengo ni idea. Miles de veces mis amigos me explicaron que es un carburador, un alternador o una bujía. Fue inútil. No se. No entiendo. Si se queda el auto llamó a la grúa, aún a riesgo que lo que haya hecho detenerse al bólido, sea una pavada que se puede solucionar abriendo el capot, y enchufando algo que está suelto. No se. No tengo ni idea. Mas de una vez, el personal del servicio mecánico ha solucionado inconvenientes en mi auto para luego mirarme con cara de “por esto me llamaste flaco pelotudo”… En fin.
Otro tema importante, con respecto al auto, es la pinchadura de una cubierta. Llamado a la grúa, otra vez. No se donde está el cricket, ni para que se usa. Si me piden “el gato” contestó que no llevo a Claudia Ciardone en la guantera, por lo que no tengo. Es humillante tener que llamar a la grúa por no saber cambiar una goma. Es un proceso que he vivido varias veces.
Cualquier hombre que se precie de serlo, sabe dónde está el alternador de su auto, y cambia una cubierta con los ojos vendados.
Todos aquellos, que como yo, llamen a la grúa por el sólo hecho que haya que cambiar una cubierta, y pasen hora y media jugando al jueguito del celular mientras esperan la salvación, sabiendo que a la brevedad van a recibir la humillante mirada del técnico mecánico, pertenecen a mi categoría: PENE LESS.

• Peleas: Alguna vez, la mayoría de los hombres se han puesto espalda con espalda, para bancarla. Alguna vez, para ser hombre, te comiste una mano y pusiste una mano con el puño cerrado en cara ajena. Yo no. Es mas, no se pelear. Mis dos hermanas menores, me han dado sendas tundas durante mi adolescencia.
En el colegió nunca “combatí mano a mano”. Si se armaba quilombo en un boliche, estaba en el tumulto, pero nunca pegaba ni recibía.
En la actualidad, si algo viene mal, y hay amenaza de pelea, me hago el civilizado, implorando que nos comportemos como adultos racionales.
No se pelear. Repito: Mis hermanas, mas de una vez me han molido a palos.
Si te sentís identificado con mi relato: PENE LESS.

• Cerveza: Punto conflictivo. NO ME GUSTA LA CERVEZA. Cada vez que nos juntamos con mis amigos (que hoy ya están al tanto de mis “problemas”) tomó 7Up. Ya está, ya me aceptaron. Fueron duros, durísimos, la suma de momentos donde tuve que explicar que no me gustaba la cerveza. Peor, fue cuando en alguna salida masculina, propuse tomar un buen vino, las reacciones no se hicieron esperar: “tomate una birra, pelotudo, que vino ni vino… te voy a clavar la cava en el ojete”… “y no querés que con el vino, pidamos una tabla de quesos para degustar, forro… tomate una fresca que te voy a clavar una cava en el ojete a modo de bis”… dijeron una vez, a lo cual yo respondí: “Seamos civilizados, comportémonos como adultos racionales”.
Sos un PENE LESS si te pasa lo mismo que a mi. Definitivamente.

• Arreglos generales: No se cambiar un cuerito, no se clavar un clavo, no se usar una agujereadora. Cada vez que uso La Gotita, termino con mis dedos pegados, y tirando el pegamento del demonio, porque se seca la cola de la punta, y no sale mas!.
Una vez me pidieron un “Phillips”, y pregunté: “ de 32 pulgadas?”, pensando que me pedían un plasma, sin saber que se referían a un destornillador.
Otra vez, un amigo que me ayudaba con ciertos arreglos en casa, me preguntó: “No tenés lija?” y yo le contesté: “No, piqué algo recién, pero si querés te armo un sándwich”.
Si sos como yo, de los que creen que clavar un clavo, es tarea de alto riesgo: PENE LESS.

Espero que te sientas identificado. No quiero ser uno de los pocos PENE LESS que anden por el mundo. Se que no estoy solo. Lo se. Si se te ocurre algo mas, en lo que podría ser PENE LESS, comentá sin miedo.

Bienvenidos a mi mundo al mundo PENE LESS.

no importa quien soy

pd: En fin, junté ganas y volví a escribir y publico sin releer lo que escribí. Bien por mi.

domingo, 24 de octubre de 2010

73_ El arbolito

Cambio. Cambio.

Cambio dólares.
Cambio euros.
Cambio. Cambio.

Cambio sueños inconclusos.
Cambio pesadillas.
Cambio caminos sin usos.
Cambio tu fango hasta las rodillas.
Cambio calle sin salida.
Cambio laberintos.
Cambio tu punto de partida.
Cambio muerte.
Cambio rencores.
Cambio odios.
Cambio iras.
Cambio libras esterlinas.
Cambio casas a medio hacer.
Cambio el pago de tu alquiler.
Cambio el crédito hipotecario.
Cambio tu vida dentro del armario.

Cambio todo. Cambio. Cambio.

Cambio el aire que respiro.
Cambio el sol que amanece.
Cambio la noche que aparece.
Cambio la luna irrespetuosa.
Cambio tu vida mohosa.

Cambio dólares.
Cambio euros.
Cambio. Cambio.

Cambio el libro que estás leyendo.
Cambio el lugar donde estas yendo.
Cambio la película que estás viendo.

Cambio. Cambio.

Cambio tus ojos verdes.
Cambio tu pelo rebelde.
Cambio tu sabor a nada.
Cambio tu alma despiadada.

Cambio.
Cambio dólares.
Cambio euros.

Cambio. Cambio. Cambio. Todo cambio.

Cambio la maldad que ocultas.
Cambio la bondad que mostras.
Cambio tu hipocresía corporativa.
Cambio tu sonrisa de oficina.
Cambio tu trabajo de cristal.
Cambio tu cuerpo fantasmal.
Cambio tu odio visceral.

Cambio el escenario donde estás.
Cambio el grito que ahogás.
Cambio el silencio que expresás.
Cambio el rencor que guardás.
Cambio lo gris.

Cambio dólares.
Cambio euros.
Cambio. Cambio.

no importa quien soy

domingo, 3 de octubre de 2010

72_ Clasificado


Busco quien me reemplace en mi jornada laboral diaria.
Por sueldo miserable debe trabajar de 8.00 a 20.30 de lunes a viernes. Sábados y domingos debe vivir con el celular en la mano (excluyente) por si pasa algo en el trabajo.
El reemplazo es efectivo.
Con el tiempo que voy a ganar haciendo trabajar a mi reemplazo deseo profundamente, entre otras cosas, poder ponerme a escribir en mi abandonado blog.
Postulantes, enviar CV a: mequierocagarlavida@jotmeil.com.py

Gracias.

lunes, 20 de septiembre de 2010

71_ Tiempo y espacio.

Entré al bar y me acomodé en una mesa para cuatro. Estaba solo, no esperaba a nadie, pero necesitaba que la mesa sea grande. El mozo se acercó y le pedí un café con leche con medialunas. Mas café que leche por favor; le dije. El mozo asintió con la cabeza. En la mesa de al lado, tres viejos charlaban vaya uno a saber acerca de qué cosa.

Saqué la laptop de mi mochila y mientras esperaba que se conecte a internet, tomé el libro de Sábato que había comprado hace tres meses con la esperanza de poder empezar a leer el primer capítulo. La pantalla de la laptop se iluminó y entendí que ya podía comenzar a trabajar. Ingresé un par de claves al sistema para conectarme de forma remota al servidor de la empresa donde trabajo. Dejé el libro a un costado de la mesa, y saqué de la mochila unos cuadernos donde siempre hago anotaciones laborales.

Comenzaron a bajar mails del trabajo. Mi jefe me preguntaba en un correo acerca de “X” informe. Volví a abrir la mochila, hice mis cuadernos a un lado, y saqué los reportes a los que hacía referencia mi jefe como para poder contestarle. El mozo trajo el café con leche y las medias lunas. Corrí la laptop, el reporte, los cuadernos con las anotaciones y casi cae el libro al suelo, sino fuese por mis atentos reflejos, que hicieron que lo agarre en el aire.

El mozo se retiró.

La mesa estaba llena de cosas.

Necesitaba espacio.

Me di cuenta que mientras tomaba el café con leche y comía las medialunas no iba a poder leer el libro o preparar reportes, porque la grasa de las medialunas iba hacer que enchastre todo lo que toque. Decidí comer en paz. Entre mordisco y mordisco, me conecte a internet con el afán de releer cuentos escritos en mi blog.
Sonó el celular. Automáticamente fui en busca de las servilletas, para limpiarme las manos, y luego traté sin éxito de sacar el celular de mi campera. Sin éxito, porque quien me había llamado había cortado. Me fije en las llamadas perdidas de mi celular, y descubrí que me había llamado la secretaria de la directora de la empresa donde trabajo. La llame. Me dijo que se confirmaba mi viaje a Los Angeles y que me enviaba la agenda de trabajo por mail. Corté.

Dejé mi blog, dejé el café con leche, y no dejé las medialunas porque no había nada que dejar ya que en cinco minutos las había devorado. Ingresé otra vez a los mails del trabajo. Abrí la agenda que la secretaría me había enviado. De lunes a viernes, empezando a las 8 de la mañana y terminando con cena a las 18.30 horas, reuniones y más reuniones, todas en un hermoso hotel de Santa Mónica. Ninguna actividad recreativa, ni recorrido por la ciudad, nada. Todo el tiempo trabajo. Iba a Los Angeles, a encerrarme entre cuatro paredes. Quizás con suerte, en el camino que iba del aeropuerto al hotel, pasé por el famoso cartel de Hollywood y desde el micro le pueda tomar una foto.
Le contesté el mail a la secretaría, le di un sorbo al café con leche que automáticamente dejé porque se había enfriado.

Me recosté en la silla. Miré el desorden que había sobre la mesa: Laptop, informes de ventas, cuadernos con anotaciones, un libro de Sábato sin leer y papeles varios confundidos con servilletas manchadas de grasa de medialunas. En la computadora, seguía pendiente de respuesta el mail de mi jefe. Pensé en el viaje a Los Angeles. Pensé en tantos kilómetros que tendría que hacer para estar encerrado en un hotel.
No pude escribir en el blog. No pude leer el libro. No pude contestarle el mail a mi jefe. No pude estudiar mi cuaderno de anotaciones, ni analizar los reportes de venta.

Necesitaba tiempo.

Tiempo y espacio.

Recostado en mi silla, sin querer, en voz alta dije;Tiempo y espacio.

Viste Froilán!!! El joven de la mesa de al lado completó mi frase; dijo uno de los viejitos de la otra mesa. Perdón?; dije volteando mi cabeza hacia ellos. Que justo le decía a Froilán, que en el fútbol de hoy nadie hace una pausa, nadie levanta la cabeza para ver donde está parado el compañero, porque no hay tiempo ni espacio para jugar. Estabas escuchando nuestra conversación, jovencito?; me dijo el viejo que estaba frente a Froilán, o quien yo interpreté que era Froilán. No, señor, no; dije ruborizándome pensando que el viejito podía llegar a creer que estaba escuchando su conversación creyéndome un mal educado, continué; Sencillamente estaba hablando solo, estoy enloquecido con cosas del trabajo, y justo estaba pensando que necesito tiempo y espacio, y sin querer lo dije en voz alta. Claro; dijo el viejito que le quería explicar el fútbol de hoy a Froilán, para proseguir; Tiempo y espacio. Evidentemente no sólo en el fútbol hacen falta… mirá Froilán el quilombo que tiene el pibe en la mesa. Papeles, mas papeles, cuadernos, libros, celular, computadora. Todo ese quilombo para una sola persona. Es así Froilán. Hoy nadie tiene tiempo y espacio. Todos están apurados, todos están amuchados.

Me di vuelta, y volví a concentrarme en la computadora. En quince minutos había liquidado todo lo que tenía que hacer del trabajo.
Llamé al mozo y le pedí la cuenta. Se acercó y me dijo; Señor, de lo suyo se hizo cargo el viejo Froilán. Sorprendido, me di vuelta para agradecerle, y metí mano en el jean para sacar la billetera y pagarle a Froilán, pero no había nadie. Le pregunté al mozo dónde se habían ido y me contestó que habían salido delante de mí haría no más de 3 minutos. Que inclusive me habían saludado, pero que yo estaba con la computadora y los papeles absorto. El mozo se retiró.

Dejé 10 pesos de propina, tiré todos los papeles dentro de la mochila, inclusive la laptop.

Salí a la calle, recordándome que necesitaba tiempo y espacio. Traté de divisar a los viejitos, ya que calculé que no deberían estar muy lejos si habían salido hacía sólo 3 minutos. No vi a nadie. Pero vi que venía el colectivo 22. La parada estaba en la esquina.

Corrí, apurado. Llegué.
El colectivo estaba abarrotado de gente. Viaje amuchado.

no importa quien soy

miércoles, 15 de septiembre de 2010

70_ Gracias.

Mil palabras, sobran.

Aquellos que tenemos sangre caliente y naranja sabemos que fue mucho, demasiado.

Gracias por ser HOMBRES hasta en la derrota, admitiendo sin llantos y broncas que sencillamente el rival jugó mejor.

Gracias GENERACIÓN DORADA.
GRACIAS.


no importa quien soy

PD: no hace falta comentar. Prometo a la brevedad, volver a escribir, porque me hace bien.

lunes, 6 de septiembre de 2010

69_ Yo contra Yo. Vos contra vos: Boicot

La garganta seca, marrón y oxidada por el cigarrillo pide líquido. Pide humedad para combatir tanta aridez. Sin embargo, parece que no la quiero escuchar, parece que no la siento y prendo otro pucho.

Boicot.

Hasta dónde uno es capaz de caer? Hasta dónde uno puede descender, con el sólo de fin de tratar de resurgir como el Ave Fénix?. Cuál es el punto máximo? Llegaste al infierno? Debés descender dos niveles más.
Nunca es lo suficientemente alta la mierda en la que buceo. Nunca el olor es lo suficientemente nauseabundo. Siempre puedo, podés, estar peor. Entonces, allá vamos.
Sin escafandra, me sumerjo en mis mierdas, mis miserias. Sin estar atado a una cama, con una prostituta apagando cigarrillos en mi pecho, me auto flagelo. Sin látigos, golpeo mi caparazón, sabiendo que ya no siento el dolor en la superficie de mi piel, pero si profundizo las heridas de mi alma, de mi corazón.
Se puede estar peor. Sólo hay que intentarlo.

Te volvés ciego a la felicidad. La negás. La niego. Decís que no es para vos. No es para mi. Para vos es el tango y no la samba. Para vos es Sartre, Camus, Sábato y todos los existencialistas hijos de puta que hicieron tu vida miserable. Admirás a esos hijos de puta.

Nada bueno puede pasarme. Por qué habría de pasarte algo bueno? Hasta el mínimo detalle que los demás perciben como blanco, vos lo encontrás gris... o negro. Ves sombras donde todos ven luz. Ves odio donde todos ven amor. No te ves, a pesar que todos te vean. No te sentís. No estás. Y si estás, sos demasiado pequeño, demasiado insignificante.

Te boicoteás. Te hundís. Te odias. Te preparaste para una guerra, en la que tenías que combatir con vos. Peleas mano a mano, con el sólo de fin de perder, para seguir descendiendo.

Boicot.

Ya es tarde. No hay vuelta atrás, y el Ave Fénix no renace de las cenizas. El tiempo no retrocede. No podés recuperar lo que perdiste. Lo que quisiste perder.

Estás solo. Allá abajo. Donde quisiste estar. Te pudrís y emanás olor. Pero este olor si te apesta. Este olor revuelve tus tripas y te hace vomitar sangre.

La garganta vuelve a herirse por el dolor de las arcadas. Prendés un cigarrillo, y lo fumás.

no importa quien soy

domingo, 8 de agosto de 2010

68_ Niño

Me miré al espejo y me dije; Feliz día.

Cuando era niño, el espejo no me devolvía la imagen que muestra hoy. No había dientes con nicotina, no había barba, ni pelos queriendo salir de lugares donde nunca deberían salir como las orejas. Cuando era niño, probablemente, ni siquiera llegaba a mirarme al espejo, ya que los arquitectos que diseñaron mi casa nunca pensaron que un niño debería verse reflejado en él. La diseñaron para los adultos. Para lo que soy hoy.
Cuando era niño para qué iba a querer mirarme al espejo? Mamá me vestía, me peinaba y me decía que estaba hermoso. Si mami me lo decía, que necesidad tenía de ir a ver si estaba peinado o si las ropas combinaban. Ninguna.
Cuando era niño, no me tenía que vestir lindo para gustarle a una chica. Quién quería estar con una chica?. Ellas no saben jugar a la pelota, son mujercitas. No, no quería estar con las chicas. Además en la escuela a nadie le importaba como me vestía. No me juzgaban por si usaba ropa de marca. No le importaba a nadie.

Cuando era niño, no mentía. En realidad si lo hacía. Pero era pequeñas cosas en las que faltaba a la verdad. Tan pequeñas como mi tamaño en ese momento. Cuando era niño no tenía que ser un hipócrita con mis compañeros de colegio. No te bancaba, te lo decía y me iba a jugar con los que si quería estar.
Cuando era niño no me tenía que cuidar. Mami me cuidaba. Mami velaba por mi cuando estaba enfermo, o cuando se me estrujaba el corazoncito porque me había peleado con mis hermanas o mis amigos. Mami, se acercaba y me ponía una mano en la cabeza y automáticamente los dolores del cuerpo y alma desaparecían.
Cuando era niño era feliz. Cuando era niño no me importaba el colesterol, o la nicotina tapando mis arterias. Cuando era niño, sólo quería comer en Pumper Nic, y escuchar a la chica que nos atendía y nos cobraba decir MOBUR al micrófono. Cuando era niño, comía golosinas sin culpas.

Cuando era niño jugaba al futbol, y no importaba si era malo o bueno. Miraba los partidos de mi “cuadro” (de qué cuadro sos?, siempre me preguntaban), y tampoco importaba si había un jugador borracho, o si un jugador que ayer había usado la camiseta del equipo rival, hoy vestía la de mi cuadro.

Debo reconocer, que cuando era niño tuve instintos asesinos. No puedo negar que cuando era niño quería matar a mis dos hermanas. Eran insoportables. Me hacían la vida imposible. Cuando era niño, quería golpearlas y las golpeaba. Claro que siempre fui un reflejo de Fido Dido, por lo que mis hermanas terminaban propinándome golpizas que no podía soportar. Cuando era niño las quise matar, pero por suerte no lo hice.
Cuando era niño, no importaba la plata. A veces, era mas divertido jugar con un trozo de papel y un lápiz, que hacerlo con un juguete. No quería tener lo último, no quería pertencer a ninguna escala social. Sólo quería jugar con mis amigos, sin importar si ellos eran ricos o pobres, judíos o católicos, negros o blancos, altos o bajos, de Boca o de River.

Cuando era niño, la política no importaba. Qué era la política? Sólo me llamaba la atención ese cuarto oscuro, del que todos hablaban. De adulto, ingresé en ese cuarto oscuro, llenó de luz y papeles. Me gustaba mas cuando era oscuro, como cuando era niño.

Cuando era niño, esperaba al Ratón Perez.
Le ponía agua, pasto y galletitas al árbol de navidad para que los camellos y los reyes puedan comer algo y no estén tan cansados a la hora de seguir su viaje mágico repartiendo juguetes. A Papá Noel le dejaba lo mismo, porque si bien era uno solo y no eran tres personas, siempre me pareció que era un glotón por su panzota.
Cuando era niño, no existía Ricardo Fort. Existía Brigada A. Yo quería ser Anibal, no quería ser “Faz” como todos. Yo quería ser Anibal porque era el mas inteligente.

Cuando era niño no insultaba.

Cuando era niño amaba sin medir consecuencias
Cuando era niño tomaba la leche y dormía siesta.
Cuando era niño, era un niño feliz.

Hoy, adulto, y con un niño interior que a veces parece querer desaparecer, me miro al espejo y me digo Feliz Día. Me prendo un pucho, de esos que odiaba su olor cuando era niño, y trato de quitarme esos pelos en las orejas imperceptibles para el mundo, pero gigantes ante mis ojos.
Cuando era niño, mi cara no estaba vencida la mayoría de veces. No aparecían arrugas.

Cuando era niño jugaba a ser grande. Y hoy que soy grande, no se cómo jugar a ser niño.
Cuando era niño era feliz siempre. Hoy también. De a ratos. Pero soy feliz.

A Maylen, Dante, Julieta & Tomás: los niños que hoy como adulto quiero que sean eternamente niños: Feliz día del niño. Los ama, su tío y padrino.

no importa quien soy